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Bailæn (Spanish Edition)

Benito Pérez Galdós
4.9/5 (29915 ratings)
Description:Me hacen ustedes reír con su sencilla ignorancia respecto al hombre más grande y más poderoso que ha existido en el mundo. ¡Si sabré yo quién es Napoleón!, yo que le he visto, que le he hablado, que le he servido, que tengo aquí en el brazo derecho la señal de las herraduras de su caballo, cuando.... Fué en la batalla de él subía a todo escape la loma de Pratzen, después de haber mandado destruir a cañonazos el hielo de los pantanos donde perecieron ahogados más de cuatro mil rusos. Yo, que estaba en el 17.º de línea, de la división de Vandamme, yacía en tierra gravemente herido en la cabeza. De veras creí que había llegado mi última hora. Pues, como digo, al pasar él con todo su Estado Mayor y la infantería de la Guardia, las patas de su caballo me magullaron el brazo en tales términos, que todavía me duele. Sin embargo, tan grande era nuestro entusiasmo en aquel célebre día, que incorporándome como pude, grité: «¡Viva el Emperador!» Así hablaba un hombre para mi desconocido, como de cuarenta a?os, no malcarado, antes bien con rasgos y expresi?n de cierta hermosura marchita, aunque no destru?da por las pasiones o los vicios; alto de cuerpo, de mirada viva y sonrisa entre melanc?lica y truhanesca, como la de persona muy corrida en las cosas del mundo, y especialmente en las luchas de ese vivir al par holgaz?n y trabajoso a que conducen la sobra de imaginaci?n y la falta de dineros; persona de ademanes francos y desenvueltos, de hablar facil?simo, lo mismo en las bromas que en las veras; individuo cuya personalidad ten?a complemento en el desali?o casi elegante de su traje, m?s viejo que nuevo, y no menos descosido que roto, aunque todo esto se echaba poco de ver, gracias a la disimuladora aguja, que hab?a corregido as? las rozaduras del chupet?n como la ortograf?a de las medias. Éstas eran, si mal no recuerdo, negras, y el pantalón de color de clavo pasado. Llevaba corto el pelo, con dos mechoncitos sobre ambas sienes, sin polvo alguno, como no fuera el del camino; su casaca obscura, y de un corte no muy usual entre nosotros; su chaleco ombliguero, forma un poco extranjera también, y su corbata, informemente escarolada, le hacían pasar como nacido fuera de España aunque era español. Mas por otra circunstancia distinta de las singularidades de su vestir, causaba sorpresa la tal persona, y éste es un capitalísimo punto que no debe pasarse en silencio. Aquel hombre tenía bigote. Esto fué, ¿a qué negarlo?, lo que más que otra cosa alguna llam? mi atenci?n cuando le vi inclinado sobre la mesa, comiendo ?vidamente en descomunal escudilla unas al modo de sopas, puches o no s? qu? endemoniado manjar, mientras amenizaba la cena contando entre cucharada y cucharada las proezas de Napole?n I. Dos personas, ambas de edad avanzada y de distinto sexo, compon?an su el var?n, que desde luego me pareci? un viejo militar retirado del servicio, o?a con fruncido ce?o y taciturnamente los encomios del invasor de Espa?a; pero la se?ora anciana, m?s despabilada y locuaz que su consorte, contestaba al panegirista con cierto desenfado tan chistoso como impertinente. —Por Dios, Sr. de Santorcaz—decía la vieja—, no grite usted ni hable tales cosas donde le puedan oír. Mi marido y yo, que ya le conocemos de antes, no nos espantamos de sus extravagancias; pero, ¡ay!, la vecindad de esta casa es muy entremetida, muy enredadora, y no se ocupa más que de chismes y trampantojos. Como que ayer las niñas de la bordadora en fino, que vive en el cuarto número 8, llegaron pasito a pasito a nuestra puerta para oír lo que usted decía cuando nos contaba con desaforados gritos lo que pasó allá en las Austrias en la batalla de Pirrinclum, o no sé qué..., pues esos enrevesados nombres no se han hecho para mi lengua.... Esta mañana, cuando usted entró de la calle, la comadre del número 3 y la mujer del lañador, «Ahí va el pícaro flamasón que está en casa del Gran Capitán.We have made it easy for you to find a PDF Ebooks without any digging. And by having access to our ebooks online or by storing it on your computer, you have convenient answers with Bailæn (Spanish Edition). To get started finding Bailæn (Spanish Edition), you are right to find our website which has a comprehensive collection of manuals listed.
Our library is the biggest of these that have literally hundreds of thousands of different products represented.
Pages
486
Format
PDF, EPUB & Kindle Edition
Publisher
N/A
Release
1873
ISBN
1465563164

Bailæn (Spanish Edition)

Benito Pérez Galdós
4.4/5 (1290744 ratings)
Description: Me hacen ustedes reír con su sencilla ignorancia respecto al hombre más grande y más poderoso que ha existido en el mundo. ¡Si sabré yo quién es Napoleón!, yo que le he visto, que le he hablado, que le he servido, que tengo aquí en el brazo derecho la señal de las herraduras de su caballo, cuando.... Fué en la batalla de él subía a todo escape la loma de Pratzen, después de haber mandado destruir a cañonazos el hielo de los pantanos donde perecieron ahogados más de cuatro mil rusos. Yo, que estaba en el 17.º de línea, de la división de Vandamme, yacía en tierra gravemente herido en la cabeza. De veras creí que había llegado mi última hora. Pues, como digo, al pasar él con todo su Estado Mayor y la infantería de la Guardia, las patas de su caballo me magullaron el brazo en tales términos, que todavía me duele. Sin embargo, tan grande era nuestro entusiasmo en aquel célebre día, que incorporándome como pude, grité: «¡Viva el Emperador!» Así hablaba un hombre para mi desconocido, como de cuarenta a?os, no malcarado, antes bien con rasgos y expresi?n de cierta hermosura marchita, aunque no destru?da por las pasiones o los vicios; alto de cuerpo, de mirada viva y sonrisa entre melanc?lica y truhanesca, como la de persona muy corrida en las cosas del mundo, y especialmente en las luchas de ese vivir al par holgaz?n y trabajoso a que conducen la sobra de imaginaci?n y la falta de dineros; persona de ademanes francos y desenvueltos, de hablar facil?simo, lo mismo en las bromas que en las veras; individuo cuya personalidad ten?a complemento en el desali?o casi elegante de su traje, m?s viejo que nuevo, y no menos descosido que roto, aunque todo esto se echaba poco de ver, gracias a la disimuladora aguja, que hab?a corregido as? las rozaduras del chupet?n como la ortograf?a de las medias. Éstas eran, si mal no recuerdo, negras, y el pantalón de color de clavo pasado. Llevaba corto el pelo, con dos mechoncitos sobre ambas sienes, sin polvo alguno, como no fuera el del camino; su casaca obscura, y de un corte no muy usual entre nosotros; su chaleco ombliguero, forma un poco extranjera también, y su corbata, informemente escarolada, le hacían pasar como nacido fuera de España aunque era español. Mas por otra circunstancia distinta de las singularidades de su vestir, causaba sorpresa la tal persona, y éste es un capitalísimo punto que no debe pasarse en silencio. Aquel hombre tenía bigote. Esto fué, ¿a qué negarlo?, lo que más que otra cosa alguna llam? mi atenci?n cuando le vi inclinado sobre la mesa, comiendo ?vidamente en descomunal escudilla unas al modo de sopas, puches o no s? qu? endemoniado manjar, mientras amenizaba la cena contando entre cucharada y cucharada las proezas de Napole?n I. Dos personas, ambas de edad avanzada y de distinto sexo, compon?an su el var?n, que desde luego me pareci? un viejo militar retirado del servicio, o?a con fruncido ce?o y taciturnamente los encomios del invasor de Espa?a; pero la se?ora anciana, m?s despabilada y locuaz que su consorte, contestaba al panegirista con cierto desenfado tan chistoso como impertinente. —Por Dios, Sr. de Santorcaz—decía la vieja—, no grite usted ni hable tales cosas donde le puedan oír. Mi marido y yo, que ya le conocemos de antes, no nos espantamos de sus extravagancias; pero, ¡ay!, la vecindad de esta casa es muy entremetida, muy enredadora, y no se ocupa más que de chismes y trampantojos. Como que ayer las niñas de la bordadora en fino, que vive en el cuarto número 8, llegaron pasito a pasito a nuestra puerta para oír lo que usted decía cuando nos contaba con desaforados gritos lo que pasó allá en las Austrias en la batalla de Pirrinclum, o no sé qué..., pues esos enrevesados nombres no se han hecho para mi lengua.... Esta mañana, cuando usted entró de la calle, la comadre del número 3 y la mujer del lañador, «Ahí va el pícaro flamasón que está en casa del Gran Capitán.We have made it easy for you to find a PDF Ebooks without any digging. And by having access to our ebooks online or by storing it on your computer, you have convenient answers with Bailæn (Spanish Edition). To get started finding Bailæn (Spanish Edition), you are right to find our website which has a comprehensive collection of manuals listed.
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486
Format
PDF, EPUB & Kindle Edition
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N/A
Release
1873
ISBN
1465563164
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